lunes, 29 de septiembre de 2014

[Creer o no creer]

CELESTINA. Extremo es creer a todos y yerro no creer a ninguno.

Fernando de Rojas, La Celestina. Comedia o tragicomedia de Calisto y Melibea

sábado, 20 de septiembre de 2014

Tedio preautumnal

El verano, con sus rayos de luz y de fuego, agoniza. Este año fue benévolo y llevadero en este Madrid de veranos infernales. Y ya asoma por el horizonte el otoño, con las primeras lluvias y los cielos grises y los ateridos pensamientos. Un otoño que es heraldo del crudo invierno de luces lúgubres y de fríos descarnados. Algo tiene de narcótico el otoño que invita al ensueño, al tedio y a la melancolía. Algo que aturde y lleva al quietismo del espíritu. Aun sin llegar, anímicamente el otoño ya está aquí. Y son estos días previos los más extraños, por contraste con los luminosos días que quedan atrás. Según avance el otoño, nos acostumbraremos a la creciente oscuridad, qué remedio. Somos animales de costumbres, y a las sorpresas les sucede siempre la rutina, como si los ojos dejaran de ver de tanto que han visto. Sí, también este otoño que viene, y que tan perplejo me deja, será pasto de la costumbre y de la rutina, como si hubiera sido viejo desde siempre.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

[Estáis en la muerte –dice Montaigne– mientras estáis en la vida]

Hay páginas que valen por cien, o por cien mil. Como ésta, en la que Montaigne engarza, frase a frase, lúcidos pensamientos que igual sirven para pacificar temores que para ayudarnos a aceptar lo inevitable o agradecer lo vivido. Sabias palabras que exigen dedicación y entrega si queremos convertirlas en savia de nuestra vida, ya que, incluso si nos seducen, las palabras no siempre logran atravesar los poros de nuestro ser, quedándose en meras palabras para siempre.

No sabemos dónde nos espera la muerte; esperémosla en cualquier lugar. La premeditación de la muerte es premeditación de la libertad. El que aprende a morir, aprende a no servir. El saber morir nos libera de toda atadura y coacción. No existe mal alguno en la vida para aquel que ha comprendido que no es un mal la pérdida de la vida. [...]

Todo cuanto vivís se lo robáis a la vida, es a expensas suya. La continua obra de vuestra vida es la construcción de la muerte. Estáis en la muerte mientras estáis en la vida; pues estáis después de la muerte cuando ya no estáis en vida.

O si preferís: estáis muertos después de la vida; mas durante la vida estáis muriendo y la muerte afecta mucho más duramente al moribundo que al muerto, y más viva y esencialmente.

Michel de Montaigne, “De cómo filosofar es aprender a morir”, Ensayos completos
[Almudena Montojo, trad.]

sábado, 6 de septiembre de 2014

Casas de Templanza

La imaginación suele ser traicionera. Nos empuja a soñar con paraísos que la realidad refuta. Paraísos y, también, infiernos. Pero, traicionera o no, la imaginación es muy libre de seguir su curso. Somos nosotros quienes, llegado el momento, debemos pararle los pies; nosotros somos quienes tenemos que mantener a raya los sueños paradisíacos (o las terroríficas pesadillas) que nos ofrece. Somos nosotros. Aunque lo cierto es que bastan unas sencillas palabras para que la imaginación se dispare, y trepe más allá de toda sensatez, y se interne por vericuetos imposibles, y nos envuelva en una nebulosa de incerteza.

Hoy, al posar mis ojos sobre esta expresión: “Casas de Templanza”, mi imaginación se ha echado a volar, y mi veta estoica ha concebido un entorno de sosegada y felicísima armonía, de gozosa paz y dicha suprema. ¡Casas de Templanza! Semejante denominación da para mucho soñar, seguro que sí; y para huir de las tales, seguro que también, que no otra cosa desearían aquellos vagos y maleantes, proxenetas, mendigos profesionales, toxicómanos habituales, maltratadores de animales, árboles, plantas o cosas, etc., a quienes se aplicara, como medida de seguridad, la Ley de vagos y maleantes, de 4 de agosto de 1933, cuyo art. 4.3, capítulo II, reza así: Aislamiento curativo en Casas de Templanza por tiempo absolutamente indeterminado.

Aislamiento curativo, tiempo absolutamente indeterminado: Casas de Templanza, ¿quién sueña con vosotras?

martes, 2 de septiembre de 2014

[Melancolizarse]

Si deseas algo de propia comodidad y no lo puedes alcanzar, te melancolizas y llenas de amargura.

Miguel de Molinos, Guía espiritual